miércoles, 16 de diciembre de 2009

-Me gustan las puestas de sol. ¿Vamos a ver una?

-Bueno, pero debemos esperar...

-¿Esperar qué?

-Tenemos que esperar a que el sol se ponga.

Pareciste sorprendido. Luego riéndote de ti mismo me dijiste:

-¡Creo siempre estar en casa! .

. . . En tu pequeño planeta bastaba sólo con mover tu silla algunos pasos, contemplando así el crepúsculo cuantas veces quisieras.

-Un día, asistí a cuarenta y tres puestas de sol.

Poco después agregaste:

-¿Sabes?... Cuando se está verdaderamente triste, son agradables las puestas de sol...

-¿Aquel día entonces, el de las cuarenta y tres veces, estabas verdaderamente triste?

no respondió.


[Estracto de uno de los mejores libros que he leido .

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